miércoles, 11 de noviembre de 2009

Franz Kafka y la niña

 Imagínate a Franz Kafka en una calle de Praga. No, no es Praga, es otra ciudad. Imagínatelo en una calle de Berlín.
 En el noviembre de 1923, él y Dora Dymant cambiaron de casa -Grunewaldstrass, 13 - y alquilaron dos habitaciones en casa de un médico.
 Imagínate a aquel escritor, afectado ya por la tuberculosis, paseando por la calle en una tarde nublada y tranquila.
 Una niña llora en la acera. Franz Kafka se acerca a la niña, que oculta su cara bajo mechones pelirrojos. Llora porque ha perdido su muñeca.
 - No, no se ha perdido - le dice Franz Kafka.
 Que no se ha perdido, que no llore, que la muñeca ha tenido que marcharse de viaje y que no se ha despedido de ella porque los adioses son tristes.
 - Hace poco me he encontrado con tu muñeca - dice Franz Kafka -, a la salida de la ciudad. Y me ha dicho que te ha escrito.
 Imagínate a la niña secándose las lágrimas con las manitas. La niña, desde la profundidad de sus ojos azules, mira al hombre moreno, al extraño mensajero.
 El mensajero, Franz Kafka, sube calle arriba con su traje negro y paso lento, para perderse, como el más misterioso de los mensajeros, tras la esquina de la calle.
 La niña, durante las semanas siguientes, recibió cartas de la muñeca, en las que le contaba un viaje extraordinario, cada vez más lejos.
1985
Joseba Sarrionandía.

sábado, 31 de octubre de 2009

Jorge Luis Borges   ­El arte y la literatura... tendrían que tratar de librarse del tiempo. Muchas veces a mi me han dicho que el arte depende de la política, o de la historia. No, yo creo que eso es todo falso.

Osvaldo Ferrari  Claro.

JLB Bueno, Whistler, el famoso pintor norteamericano, asistía a una reunión, y ahí se discutían las condiciones de la obra de arte. Por ejemplo: la influencia biológica, la influencia del ambiente, de la historia contemporánea. Entonces Whistler dijo: "Art happens", el arte sucede, el arte ocurre, es decir, el arte... es un pequeño milagro.

OF  Verdaderamente.

JLB Que escapa, de algún modo, a esa organizada causalidad de la historia. Sí, el arte sucede ­o no sucede­; eso tampoco depende del artista. 


Conversaciones de Jorge L. Borges con Osvaldo Ferrari, aparecidas en 1984 en el periódico Tiempo Argentino.

sábado, 24 de octubre de 2009

Flaubert - Diccionario de tópicos

globo Con los globos se acabará por ir a la luna. Se tardará en llegar a dirigirlos.
gloria No es más que un poco de humo.
hemorroides Vienen de sentarse sobre las estufas o en los bancos de piedra. Las hemorroides son señal de salud, de modo que no se debe procurar curarlas.
histeria Confundirla con la ninfomanía.
hoyuelo A una muchacha bonita se le debe decir siempre que lleva amores en sus hoyuelos.
impermeable Muy útil como prenda de vestir. Muy perjudicial porque impide la transpiración.

Gustave Flaubert: Diccionario de tópicos. Trad. Consuelo Berges.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Más del Diccionario de tópicos

ejército El bastión de la soledad.
elefantes Se distinguen por su memoria y adoran el sol.
estornudar Es una burla ingeniosa decir: el idioma ruso y el polaco no se hablan, se estornudan.
Fénix Buen nombre para una compañía de seguros contra incendios.
flamenco subst. Ave llamada así porque proviene de Flandes.
frío Más sano que el calor.

Gustave Flaubert: Diccionario de tópicos. Trad. Consuelo Berges.

lunes, 19 de octubre de 2009

Del Diccionario de tópicos:

Perú  País en el que todo es de oro.
poeta  Sinónimo noble de lelo; está en las nubes.
pudor  La más hermosa gala de la mujer.
púrpura  Palabra más distinguida que rojo.
sífilis  Más o menos, todo el mundo la tiene.

Gustave Flaubert: Diccionario de tópicos. Trad. Consuelo Berges.

jueves, 15 de octubre de 2009

Un libro que hace tiempo quería encontrar:  Aire de las colinas. Cartas a Clara, de Juan Rulfo. Quién otro para escribir esto:

Se volvió muy flojo. Porque a todos los que les gusta leer mucho, de tanto estar sentado, les da flojera hacer cualquier otra cosa. Y tu sabes que el estarse sentado y quieto le llena a uno la cabeza de pensamientos. Y esos pensamientos viven y toman formas extrañas y se enredan de tal modo que, al cabo del tiempo, a la gente que eso le ocurre se vuelve loca.


miércoles, 7 de octubre de 2009

Justo ahora una pila de libros mal organizados se desparrama por el suelo. Hace apenas días que cambié de ciudad, casi de país y todo es un desorden. Reconstruir es un viaje; aprendí que escapar por unos días no es siquiera parecido o comparable a la nueva vida que comienza. Y encuentro esto:


La ciudad

Dijiste: "Iré a otra tierra, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de haber mejor que ésta.
Cada esfuerzo mío es una condena dictada;
y mi corazón está -como un muerto- enterrado.
¿Hasta cuando estará mi alma en este marasmo?
Adonde vuelva vuelva mis ojos, adonde quiera que mire
veo aquí las negras ruinas de mi vida,
donde pasé tantos que arruiné y perdí".

No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás por las mismas calles.
Y en los mismos barrios te harás viejo;
y entre las mismas paredes irás encaneciendo.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otra tierra -no
lo esperes-
no tienes barco, no hay camino.

Como arruinaste aquí tu vida, 
en este pequeño rincón, así
en toda la tierra la echaste a perder.

Kavafis. Poesía escogida, Madrid, 1985.